LA ROCA ETERNA: EL REINO DE DIOS

“Entonces fue cortada una piedra, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro, y los desmenuzó” (Daniel 2:34). “Y en los días de estos reyes, el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido… desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre” (Daniel 2:44). En la visión de la estatua de Nabucodonosor, la roca representa el Reino de Dios, un reino que no tendrá fin y que reemplazará todos los reinos humanos. A diferencia de los imperios precedentes de oro, plata, bronce, y hierro, el Reino de Dios es eterno y no será dejado a otro pueblo.

La roca, “cortada no con mano”, indica que su origen es divino, una intervención directa de Dios en la historia humana. No se trata de un reino construido por poder militar o político, sino de una autoridad espiritual que trae justicia, paz y redención. Este reino, representado por la roca que desmenuza la estatua, es una esperanza de restauración y un recordatorio de que Dios tiene el control sobre el curso de la historia.

La roca no solo representa el Reino de Dios, sino también Su juicio sobre los poderes humanos. Al golpear los pies de hierro y barro, desmenuza toda la imagen, simbolizando que ningún imperio ni reino humano podrá perdurar en Su presencia. Esta roca no solo destruye, sino que también edifica un reino eterno que “crecerá hasta llenar toda la tierra” (Daniel 2:35), indicando que el Reino de Dios abarcará finalmente a toda la creación, y reemplazará todas las estructuras de poder humano.

El Reino de Dios representa la restauración de todas las cosas bajo Su soberanía. En un mundo marcado por conflictos, injusticias y divisiones, esta roca es una promesa de liberación y justicia verdadera, una realidad en la que Dios reina y donde el mal no tiene cabida. La llegada del Reino de Dios es una invitación a vivir bajo Su autoridad y a participar en Su plan de restauración.

Cuando Jesús vino al mundo, proclamó la llegada del Reino de Dios. En Mateo 4:17, Jesús dijo: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”. Sus enseñanzas, milagros y parábolas revelaron una realidad espiritual que ya estaba en medio de la humanidad, y Su vida reflejó los valores de este Reino. La muerte y resurrección de Jesús marcan el comienzo de la manifestación del Reino de Dios en la tierra, una realidad que ya está presente en el corazón de quienes le siguen y que tendrá su cumplimiento final en Su segunda venida.

Jesús se identificó a sí mismo como “la piedra que los edificadores desecharon” (Mateo 21:42). En esta figura, Él no solo es el fundamento del Reino, sino también la piedra angular sobre la cual se edifica la comunidad de fe. Quienes aceptan a Jesús forman parte de este Reino eterno, un reino que no depende de la fuerza humana, sino del poder y la gracia de Dios.

A diferencia de los reinos humanos, el Reino de Dios es eterno y perfecto. Apocalipsis 11:15 describe el cumplimiento final de este Reino: “El reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos”. Esta promesa de victoria final nos asegura que el Reino de Dios no solo es seguro, sino que será irreversible y permanente.

La roca en la visión de Daniel es una invitación a poner nuestra esperanza en algo que trasciende lo temporal. Mientras los reinos humanos se levantan y caen, el Reino de Dios permanece para siempre. En este Reino, la justicia y la paz no son solo ideales, sino realidades que Dios promete establecer plenamente.

La roca que destruye la estatua y crece hasta llenar la tierra es una imagen poderosa de la soberanía de Dios y de Su Reino eterno. La profecía de Daniel nos recuerda que, aunque los poderes humanos puedan parecer fuertes, todos pasarán y serán reemplazados por el Reino de Dios. Esta roca nos invita a buscar un propósito y una seguridad que el mundo no puede ofrecer. Dios nos llama a formar parte de Su Reino, una realidad transformadora que trasciende este mundo y promete una paz y justicia que durarán para siempre.

Este Reino eterno es la verdadera esperanza para la humanidad, y es el fundamento sobre el cual podemos construir nuestras vidas. La roca, el Reino de Dios, es nuestra seguridad y esperanza en un mundo cambiante, una realidad eterna que no será jamás destruida.

📝 LA ROCA ETERNA: EL REINO DE DIOS

✍️ Escrito por: Estudiantes de teología del séptimo Semestre en la Facultad de Teología de la Universidad de Navojoa (UNAV)

🔗 Más información: unav.edu.mx

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