Ángeles vistos e invisibles
Por Melody Mason
La semana pasada mientras retornaba de la conferencia en Carolina del Sur, el neumático de mi van explotó. Este no fue solo un neumático normal. Fue una explosión masiva donde la llanta se hizo trisas en todos los sentidos. Es un milagro real que no hayamos descarrilado mientras viajábamos a 70 kilómetros por hora en la Interestatal cuando el neumático se fundió.
 
Mientras todavía estábamos a cuatro horas de casa, mis amigos y yo salimos de la carretera para cambiar el neumático. El problema era que, ninguno de nosotros sabía cambiar el neumático. “Querido Señor”, oramos. “Por favor ayúdanos a saber cómo hacer esto, y si tú crees que necesitamos ayuda, por favor envíanos a alguien para que nos ayude”. No mucho tiempo después, cuando ya habíamos hecho todo lo que sabíamos hacer, un extraño paró para ayudarnos, con un neumático nuevo para reemplazo, alabamos al Señor mientras íbamos de camino agradeciendo al Señor por enviarnos un ángel humano para ayudarnos.
 
Sin embargo, dos días después, viví un milagro mucho mayor.
 
Un amigo y yo volvíamos al trabajo después de cenar juntos cuando nos acercamos a una intersección complicada. Sin embargo, no habíamos planeado retornar a esa intersección, pero sí a una intersección a unos 100 pies del camino. El problema fue, que mientras discutíamos nuestro retorno en el segundo semáforo, no vimos que la luz del semáforo para la intersección estaba cerca de tornarse roja. Eso sucedió hasta que nos dirigimos a la intersección y una masa de carros estaba lista para cruzar en nuestro camino.
 
Todo esto sucedió tan rápido que aún no pude gritar. Ambos vimos esto venir. No hubo forma que no choquemos. Instantáneamente, mi amigo pisó los frenos y salió humo de los neumáticos mientras nos íbamos hacia el tráfico que estaba al frente de nosotros. Sin embargo, lo que sucedió seguidamente es surrealista, es como un sueño.
 
Fuimos hasta el borde de este carro, el cual nunca se desvió o reaccionó. Entonces rebotamos para atrás. Mi amigo quien estaba manejando el carro vio el metal del carro golpeando el recodo en el impacto. Ambos esperamos por el sonido crujiente del metal…pero el sonido nunca llegó. Hubo un amortiguador supernatural entre nosotros y el carro. Y el carro que nos parecía que había sido golpeado al conducir no tenía señales de ningún impacto, ni daba señales que casi se había estrellado.
 
Inmediatamente, mi amigo retrocedió de 8 a 10 pies ya que estábamos lejos del carril donde estaba el tráfico, para salir del camino, y dejar pasar a los carros que se acercaban. Finalmente, cuando el semáforo se puso en verde continuamos.
 
Ya puedes imaginar cómo oramos de regreso al trabajo y alabamos a Dios por responder la oración de protección que no tuvimos tiempo de hacer. Una y otra vez yo repetía: “Alabado sea Dios, alabado sea Dios.  Debimos haber chocado ese carro. Alabado sea Dios. Gracias Dios por protegernos”.
 
Mientras nosotros reflexionábamos sobre lo que había pasado, no había explicación, excepto que Dios haya enviado a su ángel a pararse entre nosotros y el otro carro. Por ello esta semana alabo al Señor por sus ángeles, como por los que nos ayudan por medio de la bondad de los seres humanos y por aquellos no vistos que vuelan inmediatamente en nuestro rescate. Verdaderamente “el ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen y los defiende”. (Salmo 34:7).
 
Melody Mason es coordinadora de Unidos en Oración para la Iglesia Mundial.