Las Sagradas Escrituras

Las Sagradas Escrituras, que abarcan el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, constituyen la Palabra de Dios escrita, transmitida por inspiraci贸n divina mediante santos hombres de Dios que hablaron y escribieron impulsados por el Esp铆ritu Santo.

2 Ped. 1:20, 21; 2 Tim. 3:16, 17; Sal. 119:105; Prov. 30:5, 6; Isa. 8:20; Juan 17:17; 1 Tes. 2:13; Heb. 4:12

El Padre

Dios el Padre eterno es el Creador, Originador, Sustentador y Soberano de toda la creaci贸n. Es justo y santo, misericordioso y clemente, tardo en airarse, y abundante en amor y fidelidad.

G茅n. 1:1; Apoc. 4:11; 1 Cor. 15:28; Juan 3:16; 1 Juan 4:8; 1 Tim. 1:17: 脡xo. 34:6, 7; Juan 14:9

La Naturaleza Humana

Dios hizo al hombre y a la mujer a su imagen, con individualidad propia, y con la facultad y la libertad de pensar y obrar. Aunque los cre贸 como seres libres, cada uno es una unidad indivisible de cuerpo, mente y esp铆ritu, que depende de Dios para la vida, el aliento y todo lo dem谩s. Cuando nuestros primeros padres desobedecieron a Dios, negaron su dependencia de 茅l y cayeron de la elevada posici贸n que ocupaban bajo el gobierno de Dios. La imagen de Dios en ellos se desfigur贸 y quedaron sujetos a la muerte. Sus descendientes participan de esta naturaleza ca铆da y de sus consecuencias.

G茅n. 1:26-28; 2:7; Sal. 8:4-8; Hech. 17:24-28; G茅n. 3; Sal. 5:15; Rom. 5:12-17; 2 Cor. 5:19, 20; Sal. 51:10; 1 Juan 4:7, 8, 11, 20; G茅n. 2:15

La Experiencia de la Salvaci贸n

Con amor y misericordia infinitos, Dios hizo que Cristo fuera hecho pecado por nosotros, para que pudi茅semos ser hechos justicia de Dios en 茅l. Guiados por el Esp铆ritu Santo, reconocemos nuestra pecaminosidad, nos arrepentimos de nuestras transgresiones, y ejercemos fe en Jes煤s como Se帽or y Cristo, como Sustituto y Ejemplo. Esta fe que acepta la salvaci贸n nos llega por medio del poder divino de la Palabra y es un don de la gracia de Dios. Mediante Cristo, somos justificados y librados del dominio del pecado. Por medio del Esp铆ritu, nacemos de nuevo y somos santificados. Al permanecer en 茅l, somos participantes de la naturaleza divina, y tenemos la seguridad de la salvaci贸n ahora y en ocasi贸n del Juicio.

2 Cor. 5:17-21; Juan 3:16; G谩l. 1:4; 4:4-7; Tito 3:3-7; Juan 16:8; G谩l. 3:13, 14; 1 Ped. 2:21, 22; Rom. 10:17; Luc. 17:5; Mar. 9:23, 24; Efe. 2:5-10; Rom. 3:21-26; Col. 1:13, 14; Rom. 8:14-17; G谩l. 3:26; Juan 3:3-8; 1 Ped. 1:23; Rom. 12:2; Heb. 8:1-12; Eze. 36:25-27; 2 Ped. 1:3, 4; Rom. 8:1-4; 5:6-10

El Remanente y su Misi贸n

La iglesia universal est谩 compuesta por todos los que creen verdaderamente en Cristo; pero, en los 煤ltimos d铆as, se llam贸 a un remanente para que guarde los mandamientos de Dios y la fe de Jes煤s. Este remanente anuncia la llegada de la hora del Juicio, proclama la salvaci贸n por medio de Cristo y pregona la proximidad de su segunda venida.

Apoc. 12:17; 14:6-12; 18:1-4; 2 Cor. 5:10; Jud. 3, 14; 1 Ped. 1:16-19; 2 Ped. 3:10-14; Apoc. 21:1-14

Los dones y los ministerios espirituales

Dios concede a todos los miembros de su iglesia, en todas las 茅pocas, dones espirituales. Concedidos mediante la operaci贸n del Esp铆ritu Santo, quien los distribuye entre cada miembro seg煤n su voluntad, los dones proveen todos los ministerios y las habilidades que la iglesia necesita para cumplir sus funciones divinamente ordenadas. Algunos miembros son llamados por Dios y dotados por el Esp铆ritu para ejercer funciones reconocidas por la iglesia en los ministerios pastorales, de evangelizaci贸n, apost贸licos y de ense帽anza.

Rom. 12:4-8; 1 Cor. 12:9-11, 27-28; Efe. 4:8, 11-16; Hech. 6:1-7; 1 Tim. 3:1-13; 1 Ped. 4:10, 11

El S谩bado

El bondadoso Creador, despu茅s de los seis d铆as de la creaci贸n, descans贸 el s茅ptimo d铆a, e instituy贸 el s谩bado para todos los hombres, como un monumento conmemorativo de la creaci贸n. El cuarto mandamiento de la inmutable Ley de Dios requiere la observancia del s茅ptimo d铆a, s谩bado, como d铆a de reposo, adoraci贸n y ministerio, en armon铆a con las ense帽anzas y la pr谩ctica de Jes煤s, el Se帽or del s谩bado.

G茅n. 2:1-3; 脡xo. 20:8-11; Luc. 4:16; Isa. 56:5, 6; 58:13, 14; Mat. 12:1-12; 脡xo. 31:13-17; Eze. 20:12, 20; Deut. 5:12-15; Heb. 4:1-11; Lev. 23:32; Mar. 1:32

El Ministerio de Cristo en el Santuario Celestial

Hay un Santuario en el cielo. En 茅l ministra Cristo en favor de nosotros, para poner a disposici贸n de los creyentes los beneficios de su sacrificio expiatorio ofrecido una vez y para siempre en la cruz. Cristo lleg贸 a ser nuestro gran Sumo Sacerdote y comenz贸 su ministerio intercesor en ocasi贸n de su ascensi贸n. En 1844, al concluir el per铆odo prof茅tico de los 2.300 d铆as, inici贸 la segunda y 煤ltima fase de su ministerio expiatorio. El Juicio Investigador revela, a las inteligencias celestiales, qui茅nes de entre los muertos ser谩n dignos de participar en la primera resurrecci贸n. Tambi茅n pone de manifiesto qui茅n, de entre los vivos, est谩 preparado para ser trasladado a su Reino eterno. La conclusi贸n de este ministerio de Cristo se帽alar谩 el fin del tiempo de prueba otorgado a los seres humanos antes de su segunda venida.

Heb. 8:1-5; 4:14-16; 9:11-28; 10:19-22; 1:3; 2:16, 17; Dan. 7:9-27; 8:13-14; 9:24-27; N煤m. 14:34; Eze. 4:6; Lev. 16; Apoc. 14:6, 7; 20:12; 14:12; 22:12

La Muerte y la Resurecci贸n

La paga del pecado es la muerte. Pero Dios, el 煤nico que es inmortal, otorgar谩 vida eterna a sus redimidos. Hasta ese d铆a, la muerte constituye un estado de inconsciencia para todos los que han fallecido.

Rom. 6:23; 1 Tim. 6:15, 16; Ecl. 9:5, 6; Sal. 146:3, 4; Juan 11:11-14; Col. 3:4; 1 Cor. 15:51-54; 1 Tes. 4:13-17; Juan 5:28, 29; Apoc. 20:1-10

La Trinidad

Hay un solo Dios: Padre, Hijo y Esp铆ritu Santo, una unidad de tres personas coeternas. Dios es inmortal, todopoderoso, omnisapiente, superior a todos y omnipresente.

Deut. 6:4; Mat. 28:19; 2 Cor. 13:14; Efes. 4:4-6; 1 Ped. 1:2; 1 Tim. 1:17; Apoc. 14: 7

El Hijo

Dios el Hijo eterno se encarn贸 en Jesucristo. Por medio de 茅l se crearon todas las cosas, se revel贸 el car谩cter de Dios, se llev贸 a cabo la salvaci贸n de la humanidad y se juzga al mundo. Jes煤s sufri贸 y muri贸 voluntariamente en la cruz por nuestros pecados y en nuestro lugar, resucit贸 de entre los muertos y ascendi贸 para ministrar en el Santuario celestial en favor de nosotros. Volver谩 otra vez en gloria, para librar definitivamente a su pueblo y restaurar todas las cosas.

Juan 1:1-3, 14; Col. 1:15-19; Juan 10:30; 14:9; Rom. 6:23; 2 Cor. 5:17-19; Juan 5:22; Luc. 1:35; Fil. 2:5-11; Heb. 2:9-18; 1 Cor. 15:3, 4; Heb. 8:1, 2; Juan 14:1-3

La Vida, Muerte y Resurrecci贸n de Cristo

Mediante la vida de Cristo, de perfecta obediencia a la voluntad de Dios, y por medio de sus sufrimientos, su muerte y su resurrecci贸n, Dios provey贸 el 煤nico medio para expiar el pecado humano, de manera que los que por fe aceptan esta expiaci贸n puedan tener vida eterna, y toda la creaci贸n pueda comprender mejor el infinito y santo amor del Creador.

Juan 3:16; Isa. 53; 1 Ped. 2:21, 22; 1 Cor. 15:3, 4, 20-22; 2 Cor. 5:14, 15, 19-21; Rom. 1:4; 3:25; 4:25; 8:3, 4; 1 Juan 2:2; 4:10; Col. 2:15; Fil. 2:6-11

La Iglesia

La iglesia es la comunidad de creyentes que confiesan que Jesucristo es Se帽or y Salvador. Nos reunimos para adorar, para estar en comuni贸n, para recibir instrucci贸n en la Palabra, para la celebraci贸n de la Cena del Se帽or, para servir a toda la humanidad y para proclamar el evangelio en todo el mundo. La iglesia es la familia de Dios. La iglesia es el cuerpo de Cristo.

G茅n. 12:3; Hech. 7:38; Efe. 4:11-15; 3:8-11; Mat. 28:19, 20; 16:13-20; 18:18; Efe. 2:19-22; 1:22, 23; 5:23-27; Col. 1:17, 18

La Unidad en el Cuerpo de Cristo

La iglesia es un cuerpo constituido por muchos miembros, llamados de entre todas las naciones, razas, lenguas y pueblos. Todos somos iguales en Cristo. Por medio de la revelaci贸n de Jesucristo en las Escrituras, participamos de la misma fe y la misma esperanza, y damos a todos un mismo testimonio. Esta unidad tiene sus or铆genes en la unicidad del Dios triuno, que nos adopt贸 como hijos suyos.

Rom. 12:4, 5; 1 Cor. 12:12-14; Mat. 28:19, 20; Sal. 133:1; 2 Cor. 5:16, 17; Hech. 17:26, 27; G谩l. 3:27, 29; Col. 3:10-15; Efe. 4:14-16; 4:1-6; Juan 17:20-23

La Cena del Se帽or

La Cena del Se帽or es una participaci贸n en los emblemas del cuerpo y la sangre de Jes煤s como expresi贸n de fe en 茅l, nuestro Se帽or y Salvador. La preparaci贸n para la Cena incluye un examen de conciencia, el arrepentimiento y la confesi贸n. El Maestro orden贸 el servicio del lavamiento de los pies para denotar una renovada purificaci贸n, para expresar la disposici贸n a servirnos mutuamente en humildad cristiana y para unir nuestros corazones en amor.

1 Cor. 10:16, 17; 11:23-30; Mat. 26:17-30; Apoc. 3:20; Juan 6:48-63; 13:1-17

La Ley de Dios

Los grandes principios de la Ley de Dios est谩n incorporados en los Diez Mandamientos y ejemplificados en la vida de Cristo. Expresan el amor, la voluntad y el prop贸sito de Dios con respecto a la conducta y a las relaciones humanas, y son obligatorios para todas las personas en todas las 茅pocas. Estos preceptos constituyen la base del pacto de Dios con su pueblo y son la norma del Juicio divino.

脡xo. 20:1-17; Sal. 40:7-8; Mat. 22:36-40; Deut. 28:1-14; Mat. 5:17-20; Heb. 8:8-10; Juan 15:7-10; Efe. 2:8-10; 1 Juan 5:3; Rom. 8:3, 4; Sal. 19:7-14

La Conducta Cristiana

Somos llamados a ser un pueblo piadoso, que piense, sienta y act煤e en armon铆a con los principios del Cielo. Para que el Esp铆ritu recree en nosotros el car谩cter de nuestro Se帽or, nos involucramos solo en aquellas cosas que producir谩n en nuestra vida pureza, salud y gozo cristiano.

Rom. 12:1, 2; 1 Juan 2:6; Efe. 5:1-21; Fil. 4:8; 2 Cor. 10:5; 6:14 鈥 7:1; 1 Ped. 3:1-4; 1 Cor. 6:19-20; 10:31; Lev. 11:1-47; 3 Juan 2

La Segunda Venida de Cristo

La segunda venida de Cristo es la bienaventurada esperanza de la iglesia. La venida del Salvador ser谩 literal, personal, visible y de alcance mundial.

Tito 2:13; Heb. 9:28; Juan 14:1-3; Hech. 1:9-11; Mat. 24:14; Apoc. 1:7; Mat. 24:43, 44; 1 Tes. 4:13-18; 1 Cor. 15:51-54; 2 Tes. 1:7-10; 2:8; Apoc. 14:14-20; 19:11-21; Mat. 24; Mar. 13; Luc. 21; 2 Tim. 3:1-5; 1 Tes. 5:1-6

El Milenio y el Fin del Pecado

El milenio es el reino de mil a帽os de Cristo con sus santos en el cielo, que se extiende entre la primera y la segunda resurrecci贸n. Durante ese tiempo, ser谩n juzgados los imp铆os muertos. Al terminar ese per铆odo, Cristo y sus santos, y la Santa Ciudad, descender谩n del cielo a la Tierra. Los imp铆os muertos resucitar谩n entonces y, junto con Satan谩s y sus 谩ngeles, rodear谩n la ciudad; pero el fuego de Dios los consumir谩 y purificar谩 la Tierra. De ese modo, el universo ser谩 librado del pecado y de los pecadores para siempre.

Apoc. 20; 1 Cor. 6:2-3; Jer. 4:23-26; Apoc. 21:1-5; Mal. 4:1; Eze. 28:18, 19

La Creaci贸n

Dios es el Creador de todas las cosas, y revel贸 en las Escrituras el relato aut茅ntico de su actividad creadora. El Se帽or hizo en seis d铆as 鈥渓os cielos y la tierra鈥, y todo ser viviente que la habita, y repos贸 en el s茅ptimo d铆a de esa primera semana.

G茅n. 1; 2; 脡xo. 20:8-11; Sal. 19:1-6; 33:6, 9; 104; Heb. 11:3

Dios el Esp铆ritu Santo

Dios el Esp铆ritu eterno desempe帽贸 una parte activa, con el Padre y el Hijo, en la creaci贸n, en la encarnaci贸n y en la redenci贸n. Inspir贸 a los autores de las Escrituras. Infundi贸 poder a la vida de Cristo. Atrae y convence a los seres humanos, y renueva a los que responden y los transforma a la imagen de Dios. Concede dones espirituales a la iglesia.

G茅n. 1:1, 2; Luc. 1:35; 4:18; Hech. 10:38; 2 Ped. 1:21; 2 Cor. 3:18; Efe. 4:11, 12; Hech. 1:8; Juan 14:16-18, 26; 15:26, 27; 16:7-13

El Gran Conflicto

Toda la humanidad est谩 ahora envuelta en un gran conflicto entre Cristo y Satan谩s en cuanto al car谩cter de Dios, su ley y su soberan铆a sobre el universo. Este conflicto se origin贸 en el cielo cuando un ser creado, dotado de libre albedr铆o, se exalt贸 a s铆 mismo y se convirti贸 en Satan谩s, el adversario de Dios, y condujo a la rebeli贸n a una parte de los 谩ngeles. Satan谩s introdujo el esp铆ritu de rebeli贸n en este mundo. Observado por toda la creaci贸n, este mundo se convirti贸 en el campo de batalla del conflicto universal, a cuyo t茅rmino el Dios de amor quedar谩 finalmente vindicado.

Apoc. 12:4-9; Isa. 14:12-14; Eze. 28:12-18; G茅n. 3; Rom. 1:19-32; 5:12-21; 8:19-22; G茅n. 6:8; 2 Ped. 3:6; 1 Cor. 4:9; Heb. 1:14

El crecimiento en Cristo

Por su muerte en la cruz, Jes煤s triunf贸 sobre las fuerzas del mal. 脡l, que durante su ministerio terrenal subyug贸 a los esp铆ritus demon铆acos, ha quebrantado su poder y asegurado su condenaci贸n final. La victoria de Jes煤s nos da la victoria sobre las fuerzas del mal que a煤n tratan de dominarnos, mientras caminamos con 茅l en paz, gozo y en la seguridad de su amor. Ahora, el Esp铆ritu Santo mora en nosotros y nos da poder. Entregados continuamente a Jes煤s como nuestro Salvador y Se帽or, somos libres de la carga de nuestras acciones pasadas. Ya no vivimos en las tinieblas, ni en el temor de los poderes malignos, la ignorancia y ni la falta de sentido de nuestro antigua manera de vivir. En esta nueva libertad en Jes煤s, somos llamados a crecer a la semejanza de su car谩cter, manteniendo diariamente comuni贸n con 茅l en oraci贸n, aliment谩ndonos de su Palabra, meditando en ella y en su providencia, cantando sus alabanzas, reuni茅ndonos juntos para adorar y participando en la misi贸n de la iglesia. Al darnos en amoroso servicio a aquellos que nos rodean y al dar testimonio de su salvaci贸n, Cristo, en virtud de su presencia constante con nosotros por medio del Esp铆ritu, transforma cada uno de nuestros momentos y cada una de nuestras tareas en una experiencia espiritual.

Salm. 1:1,2; 23:4; 77:11,12; Col. 1:13, 14; 2:6, 14,15; Luc. 10:17-20; Ef茅s. 5:19, 20; 6:12-18; I Tess. 5:23; II Pedro 2:9; 3:18; II Cor. 3:17,18; Filip. 3:7-14; I Tess. 5:16-18; Mat. 20:25-28; Jo茫o 20:21; G谩l. 5:22-25; Rom. 8:38,39; I Jo茫o 4:4; Heb. 10:25

El Bautismo

Por medio del bautismo, confesamos nuestra fe en la muerte y la resurrecci贸n de Jesucristo, y damos testimonio de nuestra muerte al pecado y de nuestro prop贸sito de andar en novedad de vida, siendo recibidos como miembros de su iglesia. Se realiza por inmersi贸n en agua, y sigue a la instrucci贸n en las Sagradas Escrituras y a la aceptaci贸n de sus ense帽anzas.

Rom. 6:1-6; Col. 2:12, 13; Hech. 16:30-33; 22:16; 2:38; Mat. 28:19, 20

El Don de Profec铆a

Uno de los dones del Esp铆ritu Santo es el de profec铆a. Este don es una se帽al identificadora de la iglesia remanente y se manifest贸 en el ministerio de Elena de White. Como mensajera del Se帽or, sus escritos son una permanente y autorizada fuente de verdad que proporciona consuelo, direcci贸n, instrucci贸n y correcci贸n a la iglesia.

Joel 2:28 e 29; Atos 2:14-21; Heb. 1:1-3; Apoc. 12:17; 19:10

La Mayordom铆a

Somos mayordomos de Dios, a quienes se nos ha confiado tiempo y oportunidades, capacidades y posesiones, y las bendiciones de la Tierra y sus recursos. Reconocemos el derecho de propiedad por parte de Dios mediante nuestro servicio fiel a 茅l y a nuestros semejantes, y mediante la devoluci贸n de los diezmos y las ofrendas que damos para la proclamaci贸n de su evangelio, y para el sost茅n y el desarrollo de su iglesia.

G茅n. 1:26-28; 2:15; 1 Cr贸n. 29:14; Hag. 1:3-11; Mal. 3:8-12; 1 Cor. 9:9-14; Mat. 23:23; 2 Cor. 8:1-15; Rom. 15:26, 27

El Matrimonio y la Familia

El matrimonio fue establecido por Dios en el Ed茅n, y confirmado por Jes煤s con el fin de que fuera una uni贸n para toda la vida entre un hombre y una mujer, en amante compa帽erismo. Para el cristiano, el matrimonio es un compromiso con Dios y con el c贸nyuge, y deber铆a celebrarse solamente entre personas que participan de la misma fe. Con respecto al divorcio, Jes煤s ense帽贸 que la persona que se divorcia, a menos que sea por causa de relaciones sexuales il铆citas, y se casa con otra persona, comete adulterio. Dios bendice a la familia y quiere que sus miembros se ayuden mutuamente hasta alcanzar la plena madurez. Los padres deben criar a sus hijos para que amen y obedezcan al Se帽or.

G茅n. 2:18-25; Mat. 19:3-9; Juan 2:1-11; 2 Cor. 6:14; Efe. 5:21-33; Mat. 5:31, 32; Mar. 10:11, 12; Luc. 16:18; 1 Cor. 7:10, 11; 脡xo. 20:12; Efe. 6:1-4; Deut. 6:5-9; Prov. 22:6; Mal. 4:5, 6

La Tierra Nueva

En la Tierra Nueva, en donde habita la justicia, Dios proporcionar谩 un hogar eterno para los redimidos, y un ambiente perfecto para la vida, el amor, el gozo y el aprendizaje eternos en su presencia.

2 Ped. 3:13; Isa. 35; 65:17-25; Mat. 5:5; Apoc. 21:1-7; 22:1-5; 11:15