Solo hemos estado orando con él
Por Doris Bevins

Cuando nuestra iglesia solicitó a través de la “Quiet Hour” pedidos de oración, un pedido de los recibidos le fue entregado a mi esposo y a mí. Era de una persona que había pedido oración y vivía cerca de nosotros. No mucho tiempo después fuimos a tocar la puerta de este extraño.
 
El hombre que abrió la puerta nos miró con cautela. Podrías pensar que por su lenguaje corporal sospechó que podríamos ser Testigos de Jehová o Mormones que venían a predicarle. “¡Solo hemos venido a orar contigo, eso es todo!”, le aseguramos. “Mira, ves, aquí está el pedido de oración que tú enviaste”. Después de ver el pedido que él había escrito, él se relajó y nos invitó a pasar.
 
Hablamos por unos pocos minutos y entonces él preguntó, “¿A qué iglesia ustedes pertenecen?”
 
“Nosotros somos Adventistas del Séptimo Día”, respondimos. “No estoy interesado en unirme a su iglesia. Me gusta mi iglesia”, respondió él, inmediatamente. “Nosotros no estamos aquí para convencerte de ser una Adventista del Séptimo Día”, le aseguramos una vez más. “Nosotros estamos aquí simplemente para orar por ti”.
 
Y así oramos ese día con él. Muchos días después ya que siempre nos pedía que regresáramos, nos preguntaba sobre nuestras creencias como Adventistas del Séptimo Día. Entonces, pacientemente le respondíamos, pero después rápidamente nos decía: “Pero yo no quiero ser un Adventista del Séptimo Día”. Otra vez le asegurábamos: “Nosotros simplemente estamos aquí para orar contigo”.
 
Por más de un año y medio lo visitábamos y orábamos con él. Nunca le impusimos nuestras creencias, solo respondíamos a sus preguntas cuando él las hacía. Finalmente, él decidió empezar a frecuentar nuestra iglesia y las reuniones de oración. Realmente amó nuestras reuniones de oración y se unió a los miembros de nuestra iglesia. Finalmente, un día nos dijo: “Estoy listo para ser bautizado. Su iglesia es la iglesia correcta. Ustedes tienen la verdad”. No mucho tiempo después él fue bautizado, y pasó el resto de sus días con nosotros antes de morir de vejez.
 
Por supuesto, no teníamos idea en lo que resultarían esos momentos de oración. Solo tratamos de cuidar de alguien en necesidad. Alabamos a Dios por lo que Él ha hecho, sobre y más allá de los que podríamos pedir.
 
A Doris Bevins, y su esposo Robert les gusta alcanzar a otras personas para Cristo, y asisten a la Iglesia Adventista de Clarkston en Washington.