Por Jacobo G. Estrella

Un cierto rico escocés había prestado en vida mucho dinero a varias personas. Siendo que era muy considerado, trataba con cariño a sus deudores y cuando se daba cuenta de que era imposible que le pagaran, ponía debajo de la cuenta su firma junto con la palabra: “Perdonado”.

Después de su muerte, su esposa se dio cuenta que era mucho el dinero que amparaban las notas perdonadas y se dio a la tarea de cobrarlas. Tuvo que principiar juicios legales hasta que el juez, al examinar uno de estos casos le preguntó:

—Señora, ¿es esta la firma de su esposo?

—Sí —contestó ella—, de eso no hay duda.

—Entonces —dijo el Juez— no hay nada que obligue a estas gentes a pagar cuando el mismo esposo de usted ha escrito la palabra “Perdonado”.[1]

La congoja de tener algún tipo de carga, culpa, o bien, algún pendiente con alguna persona, te quita la paz en tu vida. La historia nos muestra la preocupación de la esposa de este hombre por la falta de dinero que no se cobro. Sin embargo, la actitud del hombre rico es totalmente diferente, aquellos que no podían pagar, él siempre estaba dispuesto a perdonar.

La mayor necesidad del hombre es sentirse perdonado. Si nosotros como jóvenes no sentimos este perdón, estamos cargando un yugo sobre nuestra espalda a pesar de los problemas que podamos tener. En la Biblia, Jesús tiene un encuentro con un grupo de jóvenes que llevaron a su amigo a que los sanara de su enfermedad, y la primera frase del Salvador fue: “Ten animo hijo, tus pecados te son perdonados” (Mt 9:2), ¿Por qué Jesús expresó estas palabras? ¿Acaso Jesús no se dio cuenta de la necesidad evidente que tenia el hombre enfermo? Y ¿Qué pasaba con su enfermedad física por la cual sus amigos lo llevaron con Jesús? Jesús tiene una mirada escrutadora, él puede ver cada una de nuestras necesidades internas aunque no las demostremos. La necesidad de este paralítico por encima de su enfermedad física, era el sentirse perdonado. Jesús puede contemplar a cada uno de nosotros tal como lo hizo con este hombre, ¿Te sientes afanado por el venir? O más bien, ¿Te sientes preocupado por el pasado?.

Dios te llama no porque seas bueno, o el mejor, el te llama por que te ama. En aquellos momentos cuando tu deseabas caminar hacía el libertinaje, las decisiones que tomas para tu vida muchas veces pueden ser contrarías a Su voluntad, sin embargo, a pesar del camino que tomamos, en el momento en que ya no puedas más en tu caminar, Jesús esta ahí para levantarte y ”afianzar tus pasos” (Sal. 40:3).

Elena White menciona: “Cristo vino a esta tierra con un mensaje de misericordia y perdón. Puso el fundamento para una religión mediante la cual judíos y gentiles, negros y blancos, siervos y libres, están unidos en una fraternidad común, reconocidos como iguales a la vista de Dios. El Salvador ama sin límites a cada ser humano. En cada uno él ve posibilidades de mejorar.—Testimonies for the Church 7:225 (1902).

El amor de Dios es incondicional. ¡No abandones la fe, atiende tu espiritualidad, conéctate con Dios y ten en cuenta que siempre hay una segunda oportunidad.!

[1] Alfred Lerı́n, 500 ilustraciones (El Paso, TX: Casa Bautista de Publicaciones, 2000), 126.