El mundo no anda bien. Acá y allá se oye el gemir del hombre que sufre y lamenta los golpes del infortunio. Vivimos días peligrosos y no se ven señales de esperanza que nos anticipen momentos más cálidos y acogedores. ¿Qué hacer ante lo que lleva rumbo de incorregible? Nuestra única esperanza es dirigir la mirada al cielo, implorando el favor divino para que ponga n a los males que atormentan el alma. Eso es lo que hacemos.

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