Por Mark Finley

A lo largo de nuestros casi cincuenta años de ministerio, mi esposa Teenie y yo hemos visto la respuesta de Dios a nuestras oraciones repetidamente. Recientemente hemos experimentado como Dios responde a nuestras oraciones de una manera relevante en la comunidad del Living Hope Adventista del Séptimo Día, ahora que el proyecto llega a su fin y que ha costado $4.5 millones de dólares y ha sido financiado en gran parte por generosos donantes en respuesta a muchas oraciones.

 

Estamos en la etapa de conseguir nuestro permiso de tenencia, y pronto abriremos nuestras puertas oficialmente. Nuestras nuevas instalaciones de la iglesia y escuela están localizadas en Haymarket, Virginia, en un pintoresco centro comercial con hermosas tiendas y restaurantes. Hace unas semanas tuvimos un problema. Arriba y debajo de la calle próxima a nuestra nueva iglesia hay un número de elegantes faroles altos que proveen luz en las noches para la comunidad. El problema se produjo cuando alguien se chocó con su carro en uno de estos postes de farol y lo destruyó. Naturalmente nosotros esperamos que los propietarios del shopping center arreglen el poste debido a lo ocurrido, por ello no pensamos mucho al respecto. Pero poco después del incidente, nos notificaron que era nuestra iglesia quien debía hacerse responsable por reponer ese poste de farol. Para nuestra sorpresa, también descubrimos que no podríamos tener el permiso para ocupar el local  hasta que remplacemos el poste de farol y tener cada una de las luces de la calle en funcionamiento. El problema era ¿dónde encontrar una lámpara de repuesto? Después de todo, estos postes deben ser típicos de barrios ricos, y no es solo ir para la tienda Lowe´s y coger uno de repuesto.

 

Inmediatamente comencé a orar. “Padre celestial, no tengo idea de donde encontrar un poste de farol de ese tipo. Pero tú sí. ¡Así que estoy pidiendo que me ayudes! Necesitamos conseguir los permisos para nuestra iglesia y así poder avanzar y esto está retrasándonos. No sabemos qué hacer, por favor danos sabiduría en cómo proceder”.

 

No mucho tiempo después, tuve la idea de contactar al administrador del centro comercial que se encontraba justo a unas pocas yardas de nuestra iglesia. La administradora y yo llegamos a ser amigos y yo supuse que tal vez ella podría colocarme en la dirección correcta. Cuando compartí mi dificultad con ella, respondió: “Pastor Mark, tenemos una tienda desocupada  en nuestro centro comercial que hemos usado para almacenar diferentes suministros. Este edificio tiene exactamente uno de esos postes de farol tendido en el piso. ¡Es una marca nueva! Hemos querido deshacernos de ese poste para poder usar esa habitación. Nosotros estaríamos felices si desea tomarlo. ¡Sin cargo!” Luego ella me dio la combinación de la cerradura para ir a sacar el poste.

 

Recordé una vez más que Dios cuida de mi vida y de nuestras necesidades, mi corazón rebosó de gratitud y agradecimientos al Señor. Verdaderamente nosotros servimos a un Dios maravilloso. ¡Nada está debajo de Él, ni siquiera la tarea de ayudar a encontrar un poste de farol necesario para nuestra calle!